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“Breaking Bad”: Lo bueno, lo malo y lo feo

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No logro llegar a conclusiones respecto a BREAKING BAD. Vi las cuatro temporadas juntas, a partir de la insistencia casi unánime de que se trataba de una de las mejores series televisivas de los últimos tiempos. Empecé, me costó entrar en ritmo, pero finalmente lo logré. Me fui adecuando a su tiempo, a su lógica, a su zigzagueo narrativo continuo y a asumir que cada temporada tenía una serie de ejes donde todo se autojustificaba, más allá de lo que hubiera sucedido en las anteriores.

Lo que más me interesa de la serie creada por Vince Gilligan es la manera en la que cruza la vida en principio normal y cotidiana de un profesor de Nuevo México que, a partir de una serie de circunstancias, se ve involucrado en el mundo del tráfico de drogas. Cómo un hombre común, tímido y hasta pacato, muy aferrado a su familia y a su pequeño mundo, decide empezar a fábricar metanfetamina para poder pagar el carísimo tratamiento del cáncer que sufre. Ese choque es clave, al menos en las primeras temporadas: el ocultamiento, la doble vida, la moral social y la apariencia frente al oscuro negocio, en ese momento pequeño y casero, de fabricar drogas sintéticas de altísima calidad.

ESTE POST CONTIENE SPOILERS DE TODO TIPO.

Las últimas dos temporadas encuentran a Walter White ya acomodándose en las grandes ligas de esta profesión, con todos los problemas personales, de relación y de peligros que implica. Enfrentamientos que crecen y se entrecruzan con el correr de los episodios y con la sensación, cada vez más angustiante, de que el reloj corre en su contra. No ya el del cáncer (que está en remisión y es un tema secundario en estas temporadas), sino el de los carteles y los grandes productores de drogas.

No voy a contar en detalle de qué va la serie, pero no es sólo la historia de Walter White, el tímido profesor convertido en peligroso traficante. Es la de Jessie Pinkman, su segundo, aliado y, finalmente, potencial rival en la producción de drogas. Un hombre con una vida muy distinta a la de White. Y el cuñado de White, un agente de la DEA que busca desesperadamente al fabricante de esa droga sin saber que se trata de su propio cuñado. Y la mujer de White, un personaje que crecerá mucho en las dos últimas temporadas. Y varios más: pueden chequearlos todos en cualquier Wikipedia de turno.

Hay cuestiones que se han celebrado de BREAKING BAD que me parecen secundarias, pero que las voy a citar: está muy bien actuada y tiene unos “toques” visuales muy particulares y originales. Lo primero no lo voy a cuestionar: los actores están increíblemente bien y son el corazón de la serie. Lo segundo no me interesa tanto: entre tomas subjetivas, iluminación saturada, videoclips y otros “toques”, me parece que la serie intenta buscar algún tipo de “flash” comercial, que la saque de lo que finalmente es: una historia de un hombre común transformado, en principio a su pesar, en un gángster. ¿Hacen falta los numeritos musicales, las escenas bizarras a lo “David Lynch”, los momentos absurdos como el accidente de avión y otros de ese estilo? No. Parecen manotazos cool para llamar la atención.

Igual, vuelvo al principio. Si como visión del “lado oscuro del sueño americano”, BREAKING BAD se inscribe entre lo más interesante de ese muy recorrido terreno, el problema que tiene es que los personajes se delinean de una manera excesivamente respetuosa de un realismo psicológico de manual. Explico: la mayor parte de las actitudes que cada uno de ellos toman parecen sacadas de la lógica más básica de la neurosis. Pinkman mata a alguien y cae en una depresión que le dura varios episodios (y ya van varias, como en un loop) con la consiguiente recaída en la adicción. La mujer de Hank se deprime y saca afuera su cleptomanía. Walter su vuelve obsesivo y comete una estupidez atrás de otra (el episodio de la mosca en el laboratorio). Acaso la mujer de White es la única que se muestra como un personaje inasible, que toma decisiones inesperadas y que no vemos nunca venir. Los demás, más allá del interés o no que cada uno de sus “brotes” pueda generar, son tremendamente predecibles.

Cuando no alcanza la propulsión a neurosis, BREAKING BAD propone un desarrollo narrativo que avanza como un reloj acercándose a la hora “explosiva”. Y por momentos da la sensación de que esa tensión está más forzada por el guión y por la necesidad de generar “thrills” donde no hay que por la lógica interna de los personajes. La paranoia y obsesión de varios (Walter, sí, pero también el maquiavélico narcotraficante ¿chileno? Gus Fring) permiten elevar el grado de “tensión” cuando la situación lo requiere, más allá de si corresponde o no a lo que está pasando (la escena de la bomba en el auto). Si a eso se le suma que muchos personajes tienen una extraña manera de combinar enormes dosis de inteligencia y pelotudez en la misma persona (todavía se me escapa como Hank no se da cuenta que su cuñado está involucrado cuando puede darse cuenta de mínimos detalles deuso excesivo de amperes, o lo que sea, en una foto de una lavandería), creerse del todo lo que pasa en BREAKING BAD es complicado.

Lo cual no sería un problema si la serie se manejara de forma mucho más definida hacia el absurdo con el que coqueteó en la primera mitad. Esa manera algo “lynchiana” de manejar la trama permite, claro, mayor grado de absurdo y menor apego a la lógica. Pero de la mitad en adelante, la serie parece acercarse cada vez  más al policial en su estructura. Y allí es donde ciertas actitudes se vuelven absurdas, forzadas, poco creíbles. Sin hablar de problemas de guión (el famoso “ricin” que ataca a las 36 horas de ser suministrado pasa a ser un potencial causante de envenenamiento para Pinkman, que debería ya saber muy bien cómo actúa), que vuelven esa lógica de thriller aún más frágil.

Esto no quiere decir que la serie no sea disfrutable y que no genere una adicción a su propia lógica. La narrativa “novelesca”, que hace que las cosas giren y giren de su eje como en un plan a largo plazo y no en el arco simple de un desarrollo cinematográfico, es de lo más agradable que la serie tiene para ofrecer. La transformación de Walter, más allá de ciertos simplismos, permite ir viendo cómo un personaje va mutando a partir no sólo de las circunstancias, sino de la manera en la que se enfrenta a ellas, cómo justifica (y se autojustifica) su paso de un lado al otro de esa balanza entre el Bien y el Mal a partir de lo que le va pasando. Y si bien hay lo que parece ser una clara diferenciación entre “el Bien” y “el Mal”, la serie deja lugar suficiente para una serie de grises a explorar, de los cuales el personaje de Skyler, la mujer de Walter, es el más interesante. Pinkman, en cambio, parece moverse con la línea de demarcación muy claramente subrayada en el piso y uno, como espectador, siempre parece saber cuando va por “el buen camino” o no. Dentro de la lógica de la serie, claro.

BREAKING BAD debería ser más ambigua, más gris, más contradictoria en las relaciones que mantiene con sus personajes. Obviamente queremos ver triunfar a Walter porque es el principal, porque sabemos los motivos que lo llevaron a ser lo que es y tenemos claro -al seguir su lógica- qué fue lo que lo llevó a ser lo que es hoy: autodefensa. Al menos eso es lo que se dice y nos dice. El final de la cuarta temporada parece dejar más claro que Walter podría ya no regresar de un grado de cinismo que la propia serie consideraría como “el Mal”, pero también sabemos que la actitud que tomó (envenenar a un chico) no tenía consecuencias graves en el fondo y le servía para su objetivo. En ese punto, aún cuando se ha pasado de mambo, seguimos con él.

Imagino que la quinta y en principio última temporada tendrá que ver con el enfrentamiento con su cuñado que, más vale tarde que nunca, se dará cuenta que algo raro hay con Walter. Y se verá lo que pasa con su esposa. Y qué sucederá cuando Pinkman se dé cuenta que Walter lo manipuló. Y está Mike, y el cartel (o lo que queda de él) y, principalmente, saber si Walter logra poner punto final a este viaje de ida que es la idea que da título a la serie. BREAKING BAD es una forma coloquial de referirse a alguien que “se zarpa”, “enloquece”, que tenía una vida normal y “se va al  carajo”. Walter “broke bad” a esta altura, a partir de tomar conciencia de su propia -y siempre potencialmente inminente- mortalidad. Resulta difícil imaginarlo volviendo a la vida normal, a manejar un lavadero de autos y esas cosas. Por más angustia, paranoia y desesperación que le está causando su nueva profesión, parece ser una adicción de la que ya no hay vuelta atrás.

 

 


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6 Respuestas a ““Breaking Bad”: Lo bueno, lo malo y lo feo”

  1. Ariel says:

    Curiosamente, algunas de las cosas que te “saltan” son las que más me atraen.
    Por ejemplo, Hank: casi que me lo puedo imaginar en el momento en que se avive de lo que pasa con su cuñado y se pegue en la frente con esa sensación que todos tuvimos cuando algo evidente nos pasaba enfrente.
    Fijate que la serie juega mucho con la negación, tan humana, de las cosas que nos desagradan. Ya lo hizo Skyler hasta que le saltó la ficha y desculó todo.

    • Peacock says:

      La “negación”, es cierto, es una buena forma de entender lo que pasa en ciertos aspectos de la serie, tenés razón.
      Es que me confunden los grados de inteligencia y boludez que manejan en paralelo, no sé.
      Entiendo que nos pasa a todos, pero en este caso me parece un poco excesivo…

  2. Gus Casals says:

    Coincido 100% Diego. Lo forzado del guion tambien me distrae, y ya perdi la cuenta de todos los deus ex machina que se han presentado.

    Y me exaspera un poco lo comprimido de la narracion: estamos en la temporada 4 y a penas paso un año desde el principio. Claro que el riesgo cuando se pasa de amateur a pro es que se transforme en Weeds, y supongo que por eso quieren mostrar que el viaje de Walter sucede en tan poco tiempo.
    Coincido en que me gusta como Skyler crecio a medida que avanza la serie.

    • Peacock says:

      Hoy, para mí, Skyler es el mejor personaje de la serie.
      “Shakesperiano”, dirían algunos. Lady Macbeth.
      No sabés lo que es capaz de hacer a esta altura…

  3. Leo says:

    La metamorfosis está clara desde el primer capítulo. Creo que hay un quiebre al final de la segunda temporada y una transición en el comienzo de la tercera que muestra lo más flojo de la tira (justo el accidente del avión). Como casi todas las series, brillan cuando fluyen y muestran el alma de los personajes, y aburren cuando se embarran en la moralina, en los golpes de efecto al puro botón, y cuando se preocupan por que cierren absolutamente todos los hilos. Gran artículo!

    • Peacock says:

      Gracias. Creo que la serie le da mucho espacio al “desarrollo de personajes”, igual. Sólo que siento que es un poco binaria, torpe, algo maniquea.

      No todo tiene que cerrar con todo siempre. Pero parece que los fans de las series de TV (y muchos de cine también) son muy densos al respecto. Fijate LOST. Más allá de si te gustó o no, el gran problema es si todo cierra o no. Y no debería ser así: viste 4, 5 o 6 años una serie. Si cierra o no perfecto, te jodió una hora de las cien que le dedicaste.

      Digo. No sé. Me parece.

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