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Algunas ideas sobre Ventana Sur

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No es del todo fácil explicar y hasta entender Ventana Sur, esta especie de Mercado de Cine Latinoamericano que se organizó por cuarto año consecutivo en la Argentina y que tuvo más de dos mil participantes de la región y del mundo (principalmente, de Europa). El encuentro -que concluyó ayer con una fiesta a todo trapo en el Yacht Club de Puerto Madero- consistió en cuatro días de encuentros, reuniones, proyecciones en cines y videoteca, conferencias y, más que nada, mucho “pasillo”, en los que buena parte de la industria del cine mundial se hizo presente en Buenos Aires con el objetivo de buscar películas latinoamericanas tanto para los mercados como para los festivales de todo el mundo.

Los interesados en el tema seguramente verán pulular cifras de todo tipo: cantidad de invitados, de ventas, películas presentadas, películas seleccionadas para festivales, premios, costos, etc, etc, etc. Pero ninguna de todas esas cifras explican demasiado lo que es Ventana Sur. En realidad son la excusa formal para cuantificar algo incuantificable, cifras que no resisten demasiado análisis y que tampoco sirven de mucho.

Por eso es que tratar de explicar Ventana Sur no es sencillo. A mí, en el mejor de los casos, se me ocurre una comparación algo banal. Imaginemos que Ventana Sur es una especie de fiesta que organizan el INCAA y el Mercado de Cannes en forma, digamos, conjunta. Y que invitan a mucha gente. Y que, a lo largo de cuatro años, se ha convertido en esas fiestas que nadie se quiere perder, esas en las que “hay que estar”. Y, entonces, más gente quiere venir -algunos quieren que los inviten, otros vienen por su cuenta- porque la “fiesta se pone buena”.

¿Son las cifras, los números, las estadísticas? No, no es eso. Si bien son elementos a tener en cuenta, el “secreto” de Ventana Sur es, simplemente, existir, permitir que a lo largo de cuatro días directores, productores, vendedores, programadores, periodistas y toda la fauna de la industria del cine latinoamericano pueda cruzarse de distintas maneras (formales e informales) con sus pares del resto del mundo, esencialmente europeos. Y que en esa fiesta se les preste más atención de la que se les presta en Berlín, Cannes, o en otros mercados internacionales en los que no pueden competir con los “big shots” norteamericanos y europeos. Si la fiesta la hacés vos, lo más lógico es que los invitados te presten aunque sea un rato de su amable atención…

Es por eso que no son los números los que hacen al éxito de Ventana Sur (seguro que el costo es superior a lo que se gana, si es que algo se gana), sino que debe ser tomado como un gasto de marketing, de promoción. Aquí se empiezan a gestionar proyectos, se reafirman coproducciones, se abren puertas a festivales y se establecen relaciones cuyos efectos son imposibles de medir claramente pero que pueden llegar a resonar a futuro, en algunos casos muchos años después. El mundo del cine es, finalmente, un mundo de relaciones, de contactos, en algunos casos de amistades. Todo eso, claro, también se puede hacer de otra manera (viajando, en los grandes festivales, via email, etc, etc), pero estar en el marco de una “fiesta” en la que todos los extranjeros están más relajados que en caos de Berlín o Cannes, ayuda.

Obviamente que uno, como observador (en mi caso, estuve por el Festival de Roma y no en mi rol de periodista), puede ver cosas que no le convencen, o duda de la verdadera utilidad de ciertos gastos, especialmente en función de limitaciones en otras áreas que uno considera igual de esenciales o más. Pero es imposible negar que Ventana Sur existe y que está vivo, que tal vez fue en alguna de sus ediciones que nacieron proyectos que luego fueron realidad (uno imagina que muchos otros nunca llegaron a concretarse) y que consagraron a algún cineasta local o latinoamericano.

El año que viene promete ser fuerte para el cine argentino en términos de rodajes. Según lo anunciado, Pablo Fendrik, Lisandro Alonso, Lucrecia Martel, Daniel Burman, Pablo Trapero, Santiago Mitre, Damian Szifron, Ana Katz, Anahí Berneri, Julia Solomonoff, Milagros Mumenthaler, Adrián Biniez, Pablo Stoll y muchos otros directores consagrados (y muchos más no tan conocidos pero que prometen mucho como Martín Mauregui, Benjamin Naishtat, Mariano Luque, Juan Schnitmann y otros) rodarán durante 2013 en el país. Casi todos ellos -lo mismo que casi todos sus productores- pasaron por Ventana Sur y seguramente ajustaron las tuercas (y las cuentas) de esas películas, además de ajustar tuercas y cuentas de las que ya estrenaron.

Por más que el estilo “desaforada convención de especialistas” por momentos haga recordar a algunas escenas de LA NIÑA SANTA, si Ventana Sur sirve para que el cine argentino y latinoamericano sigan abriéndose camino por el mundo, habrá que pensar que vale la pena la movida. Sería bueno, claro, que recursos de este tipo puedan usarse, por ejemplo, para que los festivales de cine de la Argentina funcionen con algo más de holgura y sin los apremios económicos de siempre. Pero esa es otra historia…

 

 


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